PASIONES PERVERSAS
 
 

¿Cómo está la comunicación con tu Hijo Adolescente?

¿Tú lo respetas como hijo? ¿Él te respeta como padre? 

Que esta historia no sea la tuya... Puedes hacer que todo cambie antes de que sea demasiado tarde.

PASIONES PERVERSAS (La Novela)

Ahora en 19 países, disponible en formato impreso, digital y PDF. 

SINOPSIS 

Nadie podría suponer que sus vidas cambiarían definitivamente en una solitaria ruta. 
Aparentaban ser una familia normal, hasta el terrible accidente. 
Tras la muerte de su mujer, Pablo se ve obligado a emprender una vida nueva, junto a su hijo Joel de catorce años. 
Unidos por la imprevista pérdida, pero separados por sus sentimientos más íntimos, Pablo y Joel no sólo enfrentan el desafío de reconstruir sus vidas; deben subsanar una relación de incomunicación que los marcó desde siempre. Así, buscando la redención y el reencuentro, se recluyen en el bosque. 
Pero a sus vidas llega Andrea: ¿Una pareja para Pablo? ¿Una madre para Joel? Nada iba a resultar como suponían. Se generan nuevas relaciones, diferentes roles y los resentimientos guardados vuelven a surgir. 
Una novela de intriga y suspenso, con una densa historia de amor. La historia de un padre que pretende rehacer su vida con una mujer más joven y termina estableciendo una feroz competencia con su hijo.  
La obra apunta a una suerte de violencia silenciosa que está latente en cada ser humano y sólo necesita un detonador para liberarse; una violencia que se encubre en cada palabra y que está implícita mucho antes del primer capitulo. 
Los acontecimientos, el azar o el mismo destino, conducen a los personajes de Pasiones Perversas a traspasar los límites y jugarse en lo más primario hasta la destrucción, en la búsqueda desesperada del amor.

 

COMENTARIOS

Si se sigue esta narración como una secuencia de hechos, es una historia apasionada, que atrapa al lector por su dramatismo, la tragedia y la salvación.

Pero si aceptamos la invitación del autor al compromiso, es una obra que nos muestra cómo los hombres, podemos ser llevados a transgredir, a traspasar lo prohibido, con la ilusión de hacer de este mundo un posible paraíso.

Esta historia despliega la posibilidad de comprender los oscuros abismos de la existencia para, tal vez, retornar a la inocencia.

Dr. Alberto Casals 

 

“Pasiones Perversas”,  se  convierte en  un  viaje  perturbador  hacia  las  zonas  más oscuras  del  ser humano. Una  obra bella y brutal, donde los personajes, a través de sus pasiones, se encaminan hacia un trágico destino.

Gabriel Seisdedos – Periodista y Escritor

 

Cada personaje alberga intensamente una ilusión y vive de acuerdo a ella. Dejan de lado sus principios, vulneran reglas impuestas por la sociedad y terminar entregándose totalmente a sus pasiones. A cualquier costo. Todo por amor. Pensemos, cada uno de nosotros, cuál es el costo de nuestra felicidad. Pensemos, también, cuántos secretos están guardados en nuestras familias y de qué manera esos secretos repercuten en las relaciones presentes y marcan las relaciones futuras. 

César Melis - Periodista y Escritor

 

 

 

 

 

PERSONAJES  

PABLO: el padre:

Treinteañero, de clase media, prejuicioso y tradicionalista. Estaba convencido que había formado una familia perfecta. Pero, tras el accidente, va advirtiendo sus errores pasados. Es el típico maestro rutinario, de las teorías infalibles. El pérdida de su compañera lo desestructura. Sabe que su hijo es lo único que le queda. Entonces se aboca a reparar esa relación de incomunicación que lo marcó desde siempre. No encuentra la forma de acercarse a él. A veces lo sobreprotege; a veces lo aleja. Se muestra confundido. Se da cuenta de que su mujer era un sostén insustituible. Acude a un psicólogo para que lo ayude con su hijo y con sus pesadillas. Necesita alejarse de la ciudad y por eso busca refugio en el bosque, queriendo hallar en la naturaleza una verdad que está muy oculta en sí mismo. Andrea será su medicina y esperanza.  

 

JOEL: el hijo adolescente:

Rebelde, ofensivo, distante; el típico adolescente de nuestra época. Guarda una relación conflictiva consigo mismo y el mundo externo. La madre era su más preciada compañía, su confidente y amiga. Su muerte lo trastornará y lo desequilibrará completamente. Se siente solo, confundido, angustiado. Intenta reconstruir el vínculo con su padre, pero al mismo tiempo siente rencor. Lo culpa, le reprocha conductas pasadas, lo hostiga e interroga. La pérdida de su madre va a generar un conjunto de situaciones nuevas, insospechadas. Se producirán cambios en la conducta y trastornos de su personalidad ante la dificultad de sobrellevar el duelo. Él se convierte en rival del padre cuando aparece Andrea en sus vidas y lo castigará, pasando de ser un espectador pasivo a convertirse en protagonista, tratando de impedir la consumación del amor de su padre. Así, sintiendo la nostalgia de la pureza perdida, Joel vivirá la terrible angustia que lo arrastra a lo impensado. No puede  evitar el sentimiento de culpa hacia su padre y es probable que no aceptara la pérdida mientras no lo absuelva.

 

ANDREA: la invitada.

Joven, hermosa, confidente, amiga; hasta cierto punto liberal. Con poco más de veinte, sabe muy bien lo que quiere en la vida y va en su búsqueda. Vive sola, porque se lleva mal con su madre. Estudia Periodismo y trabaja para mantenerse. Su llegada rompe todos los moldes en la vida de Pablo y Joel y marca un quiebre en sus ideas. Andrea tiene una personalidad  arrolladora, una energía y ganas de vivir que contagian. Es la esperanza de ellos. No será ni tan culpable ni tan exenta por su amor, porque a ella la traiciona algo muy en común: la transgresión. Va por todo y, casi sin advertirlo, superará todos los límites... hasta el final.

 

PATRICIA: mujer de Pablo, madre de Joel:

La figura de Patricia aparece mucho antes del capítulo I, cuando el lector va teniendo indicios de que la mujer fallecida fue depositando en el hijo secretos de pareja que no pudo resolver con su hombre. Y estos secretos marcarán la historia. Madre sobreprotectora y compinche. Esposa complaciente y sumisa. Desde siempre buscó aparentar una felicidad que no sentía. Su figura estará presente hasta el final de la historia.  

 

EMMA: madre de Patricia, abuela de Joel:  

Inmigrante italiana. Mantiene una rígida estructura y una firme moral, propia de las tradicionales familias de otra época. Jamás aceptó el matrimonio de su hija con Pablo, por considerarlo “Un oscuro profesor de matemáticas, sin futuro”. El distanciamiento con su yerno parece insalvable. Sin embargo, su amor a su nieto Joel es incondicional. Lo considera la continuación de su hija y lo único que queda de su sangre. Intentará recuperarlo.

  

 

 

 

"Pasiones Perversas"

Novela

De  Victor Balsas – Buenos Aires – Argentina- 

284 Páginas (en formato impreso)

vhbalsas@yahoo.com.ar

- 1ra Edición – 1999 

2da Edición Corregida - 2013

3ra Edición Internacional Impresa - 2014 

 Protegidos los derechos de autor –

 6" x 9" (15.24 x 22.86 cm) 
Black & White on White paper 
            ISBN-13: 978-1494998745 (CreateSpace-Assigned) 
            ISBN-10: 1494998742 

 

 BISAC: Fiction / Romance / Suspense

DISPONIBLE PARA SU COMPRA EN FORMATO IMPRESO Y DIGITAL EN AMAZON.COM A TRAVÉS DEL SIGUIENTE ENLACE 

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FRAGMENTOS

DEL CAPITULO I:

Mirando sin mirar el incipiente amanecer en la tediosa monotonía del paisaje, Pablo González jamás pudo haber imaginado que en aquella solitaria ruta iba a ocurrir el desagraciado suceso que le cambiaría para siempre su existencia. Y todo pasó justo cuando creía que atravesaba el mejor momento de su matrimonio. De haber tenido siquiera una mínima sospecha o un aventurado presagio, quizá se hubiera dejado convencer por Patricia, su mujer, y finalmente hubiese destinado el dinero del viaje para reemplazar la vieja heladera.

Por cierto, Pablo González jamás pudo haberlo imaginado.

Mientras calculaba los kilómetros que faltaban para llegar a Buenos Aires, Pablo miró a su acompañante en busca de conversación. Pero Patricia se había dormido probablemente mucho antes, después de reanudar viaje tras una parada en una estación de servicio para repostar combustible y cargar el termo con agua caliente.

El automóvil avanzaba sin pausa. La línea blanca de la ruta se desdibujaba donde se desvanecía el haz luminoso de los faros, cuyos resplandores iluminaban, de vez en cuando y como único atractivo, carteles de advertencia a los conductores. Los aguaciles pegaban contra el parabrisas con el mismo vértigo que los montes bajos de chañar iban quedando atrás. Hacia el este, en el vasto horizonte, el cielo rosáceo marcaba el final de una noche calurosa, poblada de estrellas y de insectos en el sosiego del aire.

Las luces de un vehículo, uno de los pocos que había cruzado durante la noche, se veían a lo lejos. Pablo estaba casi adormecido y sus manos tomaban con escasa firmeza el volante. Sin embargo, el acelerador estaba pisado casi a fondo. Había que llegar lo antes posible, organizar la semana de clases, descansar algunas horas y reiniciar la rutina.

Decidido a hacer algo que le sacudiera la modorra, Pablo encendió la luz de lectura, se estiró, y con su mano derecha abrió la guantera en busca de un disco para escuchar. Se entretuvo varios segundos buscando su preferido. Cuando su atención regresó a la ruta fue demasiado tarde. Las luces del vehículo lo enceguecieron de lleno: ¿Un ómnibus o un camión? Una horrible certeza lo sacudió cuando advirtió que esa mole gigante, indescifrable, se le venía literalmente encima.

Unos pocos segundos a ciegas marcaron el lapso fatal.

 

DEL CAPITULO II:

—Papá... hay algo que quiero preguntarte.

—¿Qué?

—Es sobre mamá.

—Te escucho.

—¿Mamá estuvo de acuerdo en hacer el último viaje a Bariloche?

Esa pregunta fue como una daga que literalmente lo atravesó en dos. Pablo se quedó absorto y de pronto se le hizo un nudo en el estómago. La culpa y el arrepentimiento reaparecían. Por un momento sólo se escuchó el rugido del motor y el murmullo del viento a través de las ventanillas.

—¿Y? ¡Contestame! ¿Mamá quiso hacer ese viaje? —insistió Joel.

—Hijo, era nuestro aniversario de casados. Aproveché ese fin de semana largo para salir con ella. Quise hacerla feliz. ¿Por qué me hacés esa pregunta ahora?

—Por nada, cosas que mamá me contaba —contestó Joel con la mirada fija en la carretera.

—¿Cómo es que mamá te contaba? ¿Qué te dijo mamá, Joel?

—Mamá no quería hacer ese viaje porque prefería guardar el dinero para comprar una heladera nueva. Decía que no valía la pena ir tan lejos y gastar tanta plata por pocos días. Pero vos insististe tanto que… al final tuvo que ir.

—¿Mamá te dijo eso? ¿Cuándo te lo dijo? —Palbo lo miró estupefacto.

—Un día. No importa cuándo. También me dijo que le hubiese gustado conocer otros lugares, como el mar, pero que vos nunca la llevaste.

Pablo tragó saliva y suspiró como acongojado.

—Mamá siempre me contaba cosas —continuó Joel—. Y me las sigue contando, eh.

—¿Pero qué es lo que te sigue contando?

—Son cosas nuestras, papá.

—¿Cosas de quién?

—Secretos míos y de mamá.

 

DEL CAPITULO III:

Cuando Joel despertó, todavía tenía puestos los auriculares del walkman. Se había dormido con música, costumbre que siempre repetía desde su estadía en la cabaña. Tenía sed. Encendió el velador, miró la hora en su reloj despertador: casi las dos de la madrugada. La lluvia todavía repiqueteaba sobre el techo. Se levantó tambaleando, pensando en dirigirse a la heladera en busca de una gaseosa. Atravesó casi somnoliento el pasillo hasta llegar al comedor. A punto abrir la heladera, se detuvo: algo había oído en el living. ¿Voces, tal vez? Podría ser, aunque esos tonos eran muy extraños y, separados por la puerta, le llegaban indefinidos. «¿Todavía están charlando?», pensó.

Enseguida se dio cuenta de que aquellos ecos apagados, no eran precisamente voces. Se acercó al living. Abrió la puerta corrediza apenas, tratando de mantener absoluto silencio. Notó la ausencia de luz y como si de pronto concibiera una sospecha, frunció las cejas y contrajo su rostro, extrañado. ¿No había sido demasiado imprudente? Sabía que debía golpear antes de abrir: «Bueno, el living no es un lugar privado para nadie», afirmó. Desde luego: el baño era privado, el dormitorio lo era… No, definitivamente, el living no era un lugar privado. Sin embargo, le daba lo mismo. Estaba decidido a profanar el lugar más prohibido. Una extraña percepción se instaló en él, y su indomable curiosidad prevaleció. No tardó en darse cuenta de que esos sonidos desparejos, eran gemidos. Giró la vista y, llegando al extremo de la habitación, los vio desnudos en la luz intermitente. Distinguió apenas una figura que sobresalía y se movía en un ritmo sostenido. Andrea estaba encima de Pablo. Y él, tendido sobre la alfombra, de cara al techo. Los movimientos eran irregulares, pero fascinantes para Joel. Separó la puerta del marco un poco más para no perderse ningún detalle. Sus ojos, rebosantes de curiosidad, brillaban de forma desmesurada: «No puedo creer lo que estoy viendo… no lo puedo creer». Aquello lo atraía y, al mismo tiempo, le causaba un profundo rechazo. Se sintió impregnado en una furia que lo carcomía por dentro. Por un instante se le cruzó por la cabeza irrumpir ante ellos, detener el acto y golpearlos con lo que tuviese a mano, hasta destrozarlos, hasta… pensó en su madre y se contuvo. Siguió contemplando la escena estupefacto, inmóvil, con toda esa mezcla de emociones encontradas, desconocidas. Su mente navegaba entre dos polos opuestos. Y en una oposición indefinida, se inyectaron como veneno en su sangre dos emociones ciegas que corren paralelas y que como ironías caprichosas de la psiquis en ocasiones se entrecruzan acechantes: el placer y el odio.

En ese momento no estaba seguro del cariño que sentía hacia su padre. Sin embargo, deseaba con toda su alma agredirlo: ¿Cuánto de distancia había entre la intención y el acto? Un rostro perverso lo inundó y sus músculos se contrajeron en una convulsión veloz. Sus ojos parpadearon a la luz agitada de las llamas. Deseaba hacer daño y no podía… algo lo detenía. Entonces, como una serpiente de cascabel que al verse acorralada y ciega de ira se muerde a sí misma, Joel curvó la mano derecha formando una garra con los dedos y comenzó a rasguñarse la pierna, hundiéndose con fuerza las uñas en su piel, hasta herirse, hasta sangrar. Sus dedos presionaron en un recorrido lento, sin piedad, de abajo hacia arriba, desde el costado de su rodilla hasta el muslo, mientras seguía aguzando la vista entre el largo rectángulo que ofrecía la abertura de la puerta.

 

DEL CAPITULO V:

Cuando Andrea y Joel se alejaban del aeropuerto en un taxi, la órbita del sol del mediodía entibiaba el aire y aguzaba las sombras. Viajaban en silencio, sumidos en sus disímiles mundos. Andrea, embargada por una sensación de vacío, parecía haber perdido algo con la partida de Pablo.

A Joel, en cambio, lo dominaba una placentera y difusa sensación de libertad. Sería la primera vez que pasaría el tiempo con alguien ajeno a la familia. Jamás había estado solo con gente extraña y ahora estaría al cuidado de mujer casi desconocida, que había ingresado a sus vidas casi de casualidad. Y no era que la situación le desagradara. En todo caso lo hacía sentir muy raro y no estaba muy seguro sobre el comportamiento que debía adoptar.

—¿Estás triste porque se fue tu viejo? —le preguntó Andrea.

—¿La verdad? No sé —contestó el joven impasible.

—Vamos a intentar pasarla bien, ¿sabés? —dijo Andrea y le acomodó el pelo arremolinado en la frente, en un gesto para romper el hielo.

Joel no emitió palabra alguna, sólo pestañeó una vez y asintió complacido.

—¿Qué te parece si pasamos por la ciudad y nos comemos unas buenas hamburguesas completas? —le ofreció Andrea.

—¿Hamburguesas? ¡Sí! —el semblante de Joel se iluminó de pronto —. Es lo que más me gusta. ¿Cómo sabías?

—No lo sabía. Me lo imaginé.

Una vez en la ciudad, almorzaron en un McDonals, tomaron helado e iniciaron un pequeño paseo. El Centro Cívico. El Museo Patagónico. Un vistazo al lago Nahuel Huapí. Caminaron durante horas y conversaron animadamente.

Joel estaba feliz. Andrea era una compañera perfecta. Lo llevaba justo a los lugares que a él le gustaban y le hablaba sobre cosas interesantes. Andrea no era como los otros “grandes”, que sólo daban órdenes y decían lo que había que hacer. Simplemente, ella era… incomparable. Esas pocas horas con Andrea habían sido más curativas que las largas y tediosas sesiones con el doctor Taborda.

Antes de tomar el taxi hacia la cabaña, compraron una pelota, tres cajas de chocolates, y revelaron todos los rollos de fotos pendientes.

Para Joel, fue el principio de una existencia impensada.

 

 

 

FOTO ORIGINAL DE LA TAPA

FOTO ORIGINAL PARA EL DISEÑO DE LA CUBIERTA

 AUTOR FIRMANDO EJEMPLARES

ESCENARIO DONDE EL AUTOR IMAGINÓ SU OBRA

EL LAGO, DESDE LA CABAÑA

EL LAGO, VISTO DESDE LA CABAÑA 

 

 

PASIONES PERVERSAS - Edición Digital (Kindle Edition) y Edición Impresa (Paper Back)

VICTOR HUGO BALSAS (Author)

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Length - Formato Impreso: 284 pages 

Language: Spanish

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